Ella me dijo que algún día, cuando tuviera hijos, la iba a entender. Mamá sabía de trabajar y criar, y sabía que nada reemplaza su ausencia. Mamá sabía jugar aunque estuviera cansada y sabía que yo también iba a jugar aunque no pudiera más.

Mamá fue mejor que su mamá con ella y hoy me acompaña para que yo sea mejor que ella conmigo.

Mamá me dijo que hizo lo mejor y que me ama y yo me di cuenta cuando me encontré dando lo mejor y amando y, aún así, equivocándome.

Mamá hoy es Abuela y la Abuela sabe también.

Sabe del amor y del cansancio, de valorar las cosas importantes. Sabe sostener y acompañar, sabe disfrutar sin culpa.
Ya quisiera volver a estar bien cuando no doy más, o dormir en la cama grande cuando tengo miedo. Hoy soy la que abraza y la que refugia en su cama.

Dicen que todo lo valioso se guarda en el corazón, así que cada vez que lo necesito vuelvo a ese instante en sus brazos, momento que ni recuerdo pero sé que está, dándome fuerza y diciéndome que sepa siempre que no hay nada más sanador que un abrazo de madre.

Hoy que somos el sostén, no neguemos nunca ese escondite, ese refugio. Todos vamos a querer volver ahí alguna vez a acurrucarnos y a tomar fuerzas para seguir cuando la vida se pone intensa….

Por Marina Lalinde

Periodista. Directora general de PrensaPlus

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