¿Por qué Rusia perderá la guerra?

Así se titula un interesante hilo de Twitter del historiador ruso Kamil Galeev, respaldado en una serie de argumentos del orden técnico-militar y sociopolítico. Un mes después de su publicación, el planteo se revela bastante acertado: Rusia, aún no perdió la guerra, pero sigue muy lejos de cumplir con sus principales objetivos tácticos. 

Un ejército obsoleto

Para Galeev, el primer problema de larga data es la caída en desgracia del ministro Serdyukov, quien intentó llevar a cabo una profunda reforma del ejército ruso. Pero la iniciativa se topó con los intereses de las corporaciones armamentísticas, que proveían equipamientos de mala calidad, siendo igualmente contratadas merced a la corrupción y al capitalismo de amigos. Ganándose su enemistad, Serdyukov fue perdiendo poder hasta ser sustituido, en 2012, por el ministro Shoygu. 

Éste tuvo una política más cautelosa, intentando no enfurecer a los grupos de poder. Es de hecho, uno de los ministros que más ha durado desde los comienzos de la Federación Rusa (1991) trabajando para todos los gobiernos y sobreviviendo a todas las purgas. 

Putin en compañía del ministro Shoygu

Shoygu cortó de raíz todas las mejoras implementadas por Serdyukov. El ejército mantuvo su estructura tradicional y obsoleta, la calidad del armamento siguió siendo ineficaz, y sobre todo, se apostó a una estrategia de inversión militar equivocada.

Naves o Piernas

Históricamente, las potencias han tenido que elegir entre dos opciones: fortalecer o el ejército terrestre, o la armada naval. No se puede llevar a cabo ambas a la vez. Las potencias que lo intentaron cayeron rápidamente en declive durante la Modernidad, como por ejemplo Francia.

Rusia heredó una poderosa infraestructura naval de la URSS. Pero la URSS tenía otros recursos: hoy por hoy, cuesta mucho más sostenerla. Y sin embargo, el gobierno insiste en invertir, desde hace años, en el aspecto naval. 

Un falso Blitzkrieg

Por todo lo antedicho, Rusia fracasó a la hora de realizar un Blitzkrieg: la conquista relámpago del territorio ucraniano. ¿Cuál fue el problema? Que para ello hacen falta varias líneas-batallones: ataca la primera, avanzando y dejando a los defensores tras de sí, e inmediatamente interviene una segunda línea, barriendo a esos defensores, y así hasta que tres, cuatro, cinco batallones se internan en el territorio.

El problema ruso fue que debido a la desinversión en ejército terrestre, al atacar Ucrania contaba con una única línea-batallón, la cual avanzó hacia el interior del país sin el respaldo suficiente. De este modo, se encontró con una encarnizada resistencia que aún hoy no consigue desarticular.

Galeev considera que por otra parte, Putin no preparó adecuadamente un Blitzkrieg porque su intención nunca fue iniciar una guerra, sino llevar a cabo una “operación especial”. Durante su gobierno, realizó varias: en Chechenia, Siria, Georgia. Se trataba siempre de intervenciones rápidas en territorios extranjeros, con fines principalmente propagandísticos: fortalecer la imagen de Putin como líder militar. Pero en esta ocasión, la cosa se le escapó de las manos. 

Conclusión

La visión de este historiador es interesante pues plantea cuestiones ignoradas -sinceramente o adrede- por todos los bandos en conflicto. El poder de Rusia suele sobrestimarse, sea por el propio Gobierno ruso que necesita ser creíble ante su gente, sea por la OTAN que busca agitar el fantasma de una 3era Guerra Mundial. 

Los hechos son que si bien Rusia cuenta con una poderosa artillería, de efectos devastadores en lo que va del conflicto, la situación dista de estar definida a su favor.

Por Marina Lalinde

Periodista. Directora general de PrensaPlus

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