No negar a la tristeza cuando viene a visitarme.
No contener las lágrimas cuando se desbordan de mis ojos.

Reconocer que también tengo miedo, que a veces quisiera escapar de mí y de mis pensamientos,
salir corriendo de mis límites.
Que a veces no me entiendo, ni entiendo nada en este mundo loco.

Que no tengo siempre la respuesta ni quiero tenerla, que no siempre puedo con todo,
que sueño más de lo que duermo, que en ocasiones me abraza la melancolía, y no me sale la risa,
y no lo escondo ni lo ignoro, porque así puedo escuchar a mi alma cada vez que me pide un abrazo.

Eso, también es sanar.

Por Marina Lalinde

Periodista. Directora general de PrensaPlus

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *