A ocupar toda la cama, a dormir las horas deseadas, a no cocinar los domingos.

A no dar explicaciones y hacer lo que le gusta sin que nadie la critique.

A comer a la media noche y a ver sus programas favoritos, a cantar en voz alta
y bailar por toda la casa, a que nadie la tache de loca.

A recibir llamadas a cada rato y contestar mensajes muy tarde.

Al olor del café por las mañanas, a tardar cuando le toca arreglarse para ir a dónde le dé la gana.

Se Acostumbró a ella, a sus cosas, a su vida, a estar sola, a no esperar nada de nadie, a caminar por la vida con valores, con virtudes, con errores, a levantarse de caídas.

SE ACOSTUMBRÓ A QUERERSE

Por Marina Lalinde

Periodista. Directora general de PrensaPlus

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