Cada 7 de junio se conmemora El Día del Periodista, que fue establecido en 1938 por el Primer Congreso Nacional de Periodistas celebrado en Córdoba, en recuerdo del primer medio de prensa con ideas patrióticas. El 7 de junio de 1810 Mariano Moreno fundó la «Gazeta de Buenos Ayres», primer periódico de la etapa independentista argentina.

A partir de este suceso, se establecieron también las bases del Estatuto del Periodista Profesional, mediante la Ley N° 12-908 sancionada en el Congreso de la Nación. Arturo Frondizi, Oscar Albrieu y Leandro Reynes fueron algunas de las figuras políticas que participaron de este debate.

El periodismo tiene siempre el deber de buscar la verdad y de hacerla pública. Esas dos obligaciones, que también son pasiones, definen y describen nuestra profesión. Siempre vamos desde la subjetividad a ser lo más objetivo posible.

Ser periodista no es nada fácil ya que es una profesión que todavía sigue siendo mal remunerada a pesar del sacrificio que enfrentamos los periodistas día a día pero por otro lado el periodismo es «pasión».

La profesión del periodismo ha visto truncada su esperanza de convertirse cada vez cada vez más en un instrumento de analisis y en un rito de depuración. La recesión económica y la guerra se combinaron para afectar la estabilidad de las empresas y para frenar las reivindicaciones laborales del periodista.

El subempleo y el pluriempleo traen consigo una serie de problemas que afectan la calidad profesional y la fibra ética del periodismo. En efecto, estos son problemas que aquejan a todos los sectores laborales.

De esta manera el periodista se encuentra en el callejón sin salida de tener que subemplearse en un trabajo de redacción fijo, y a la vez de hacer trabajos adicionales. La ironía es que su rendimiento tiende a ser bajo en ese trabajo, que lo coloca en la planilla de una empresa como base de su sustento, y marginalmente improductivo en los demás.

Son pocos los casos de periodistas que reciben de su patrono permanente un salario que les permita dedicarse exclusivamente a él. Por el contrario, es frecuente la situación del periodista que además de ser redactor de radio, televisión y prensa, se ve obligado a aceptar tareas de relaciones públicas y de asesoría en las instituciones del Estado, las empresas privadas o las organizaciones de estas.

No hay profesión más humana ni más cercana a los dramas de la gente, y para finalizar les dejo esto: Un periodista que vende su pluma, antes vendió su alma.

Por Marina Lalinde

Periodista. Directora general de PrensaPlus

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