Cuando nos equivocamos, aprendemos y lo que más nos hace reflexionar no es la equivocación en sí, sino el proceso que viene después, en el que nos damos cuenta de por qué nos equivocamos y cómo podemos evitar volverlo a hacer.
Es ahí donde aprendemos más sobre nosotros mismos, nos conocemos, nos evaluamos, nos ponemos metas y hacemos la promesa de ser mejores.
Es un proceso personal y muy íntimo, en el que convivimos con lo más profundo de nuestra persona.
Y al final, si todo sale bien, de una herida, florece una mejor persona.

Aprende de tus errores, sigue adelante, no cargues con ellos como un pesado equipaje, sino como livianos recordatorios de por dónde no debes volver a pisar.
